Pestañas

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16 mayo, 2007

El Ministerio del Dolor


Aunque lo cuente un poco tarde, mi última lectura de 2006 fue El Ministerio del Dolor, de la escritora croata Dubravka Ugresic. Con este libro rompía del todo con mi ley no escrita de leer desde hace muchos años únicamente a autores españoles o literatura escrita en español. Me decidí a leer esta historia triste y amarga de una autora de un país del Este con una cultura aparentemente tan distinta a la nuestra.
El libro relata la historia, tan cercana en el tiempo y en la geografía como desconocida e incomprensible -al menos para mí-, de la guerra y desintegración de Yugoslavia. No tanto la propia guerra como las consecuencias para quienes fueron protagonistas contemporáneos con nombres y apellidos, y dejaron su país para comenzar una 'nueva vida' -si eso es posible- en otro país; en otra ciudad: Amsterdam. Una ciudad en la que yo mismo viví durante tres meses en el año 1994.
Señalo dos momentos de El Ministerio del Dolor:
- Las mujeres, a diferencia de los hombres, eran invisibles. Ellas, desde la transtienda, empujaban la vida hacia delante. Remendaban los agujeros para que la vida no se derramara, ejercían la vida como el quehacer de cada día. Los hombres, como si no tuvieran ninguna tarea, vivían el exilio como si los aquejara una grave invalidez.
- Las célebres ventanas de Amsterdam sin cortinas descubrían el interior de las casas. El interior descubría la ausencia de intimidad. El derecho sagrado a la intimidad se confirmaba en una paradoja: su ausencia.

02 enero, 2007

Annemarie Schwarzenbach




Penúltima lectura de 2006 fue un magnífico -sin paliativos- libro de la escritora italiana Melania G. Mazzucco (Roma, 1966). 'Ella, tan amada' (Anagrama, 2006) es un libro escrito en 2000 y que recibió los Premios Napoli y Vittorini. Una biografía novelada, recreada con una prosa preciosa y arrolladora.

Annemarie Schwarzenbach es un personaje inquietante que vive en un tiempo convulso; escritora, arqueóloga, periodista y fotógrafa que encontaría la muerte muy joven (1908-1942) después de vivir una vida intensa marcada por la amistad y las relaciones de familia. Mazzucco la retrata como "inefable, misteriosa como un angel asexuado, serio y terrible".

"En qué momento los que se hicieron amigos de jóvenes empiezan a encontrarse cambiados?", se pregunta en un momento. Y viajó sola al Congo "para no escuchar más que la música oscura del río y de sí misma".

"Angel devastado", así llamó Thomas Mann a la joven Annemarie Schwarzenbach, fervorosa amiga y ocasional mecenas de sus hijos, los terribles Erika y Klaus (Francisco Solano en El País). "En el dolor y en el sufrimiento del mundo con que había cargado sobre sus espaldas, había buscado un sentido, un Dios, la verdad de su existencia"..... "Cuando Dios decidiera que tenía que morir, todo habría terminado para ella. Todo lo que tenía que hacer era arrebatarle su tiempo, ofrecerle su regalo. Todo lo que quedaba por hacer era escribir "su" libro. Todavía tenía la ilusión de que los libros -incluso los nacidos de la profunda iluminación- pueden ser la mejor parte de nosotros".

"Ojalá se pudiera rebobinar su vida -cualquier vida-" escribe Melania G. Mazzucco en la última página del libro.

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