Pestañas

05 septiembre, 2011

La sorpresa de encontrarme con «Un matrimonio feliz»

Una de las últimas sorpresas en la cadena de lectura que uno construye libro a libro fue encontrarme con «Un matrimonio feliz», novela publicada por Libros del Asteroide, escrita en 2009 por el guionista y novelista norteamericano Rafael Yglesias (Nueva York, 1954). El título, pobre en mi opinión (A Happy Marriage, en su versión original), y engañoso -pareciera que lo que vas a leer es el texto dulzón y apasionado de una novela rosa, - oculta el verdadero mérito de esta deliciosa novela de 400 páginas (Premio Los Angeles Times 2009) que tiene como escenario la ciudad de Nueva York.

La sorpresa fue positiva, desde luego, y por dos razones principales. Por la valentía del escritor al tratar el tema de una "larga enfermedad" -escrito con la hondura y la belleza que sin duda ofrece una historia parcialmente autobiográfica-, y por la forma en que se estructura la narración: alternando los dos ejes de relación, principio y fin, de ese matrimonio feliz. Pero que no se me olvide, porque también es una razón muy importante: porque es una novela que conmueve, algo se revuelve dentro de ti mientras lees y no te deja indiferente cuando has terminado. A mí me pasó, y puede que les pase a muchos de quienes lo lean: reconoces el golpe de la enfermedad y la lucha de quien la sufre y de quienes le rodean.

Por eso hay dolor en esta novela, pero también humor y, por supuesto, mucho, muchísimo amor. No del rosa pero sí del auténtico; el de un matrimonio feliz: Margaret, "de ojos grandes y de un azul intenso [...] de una tersa blancura de helado de su piel con pecas [...] mezcla de ermitaño y mariposa social", y Enrique, guionista de cine perdidamente enamorado de Margaret.

Aunque no soy amigo de reproducir los textos de las cubiertas, lo hago en esta ocasión con uno de ellos porque me parece muy ilustrativo de lo que uno encuentra dentro: «La novela de Rafael Yglesias, pofunda y elegante, dolorosamente viva, trata sobre la vida, no sobre un matrimonio concreto [...] Es como un puñetazo en el estómago pero su agudeza nos obliga a mantener los ojos bien abiertos. Impresionante.» Ann Beattie.

  • Algunas frases que subrayé mientras leía:
- ... había algo sólidamente burgués en esa joven, algo adulto debajo de aquella apariencia de muchacha que le asustaba y le excitaba.

- Se hallaba en la ciudad donde había nacido, la ciudad de su infancia, la ciudad de su adolescencia, la ciudad de su ambición, y se sentía perdido.

- A lo mejor permaneceremos perdidos juntos para siempre.

- Su olor cálido y fragante perduraba en sus fosas nasales allí donde iba, una brisa de perpetua primavera en medio de la nieve fangosa de Manhattan del desabrido febrero...

- .. él había llegado no solo a necesitarla, sino a amarla más intensamente que nunca: no como un trofeo que hay que conquistar, no como un competidor a derrotar, no como un hábito demasiado continuado como para romperlo, sino como una pareja con todas las de la ley, que era piel de su piel, la cabeza de su corazón y el corazón de su alma.

P.D.- Aunque alguien piense que es un tema duro ("no estoy para leer historias tristes"), que nadie deje de leer esta novela.

8 comentarios:

Margari dijo...

Llevo tiempo detrás de este libro porque ya había visto reseñas muy positivas, pero con el entusiasmo que has desbordado en esta reseña, has hecho que quiera buscar esta novela ya.
Besotes!!!

Javier García dijo...

Hola Margari,
Ya digo, una sorpresa y un descubrimiento para mí. Ojalá también lo sea para ti.
Un abrazo.

LilVia dijo...

Totalmente de acuerdo. Has resumido perfectamente y con una muy buena reseña , Un matrimonio feliz: un libro de sensaciones y que revuelve algo dentro de ti mientras lo lees.
Ya lo escribí en un post en mi blog, lloré leyendo esta novela, y no es algo que me suceda con facilidad.
Es un tema que me toca de cerca. Lo viví en persona, aunque afortunadamente con -hasta el momento- un buen desenlace. Así que los pasajes en los que habla de la enfermedad, de los efectos secundarios, de los sentimientos de culpabilidad, de cómo afecta a los que rodean al enfermo y por supuesto al enfermo, hicieron evidente que Rafael Yglesias no se estaba inventando nada, lo vivió y lo compartió con sus lectores. Además hay que resaltar la estructura de la narración. Un abrazo.

Saramaga dijo...

Pues ya había leído buenas reseñas de éste libro, y con la tuya, aumentan mis ganas de hacerme con él. Veremos si me gusta tanto....

Javier García dijo...

Hola Lilvia,
Me alegro de que te haya gustado la reseña, pero más porque te gustara el libro, y más todavía porque lo que has vivido sobre la enfermedad haya tenido un buen desenlace.
Aún así creo que el libro habla más de amor que de muerte, y eso me gustó, igual -efectivamente- que la forma en qué está escrito.
Gracias por pasarte por La Palabra Infinita.
Un abrazo.

Javier García dijo...

Hola Saramaga,
Ya sabes que todo es subjetivo. Ni siquiera estoy seguro de que lo que yo escribo sean reseñas, sino más bien las sensaciones que tuve al leer.
En este caso, las sensaciones fueron muy "intensas"... Si finalmente lo lees espero que te guste al menos un poquito.
Un abrazo.

Blanca dijo...

Ya son varias las entradas (reseñas) que he leído de este libro, y espero leerlo en algún momento aunque sea una historia triste.
Un abrazo

Offuscatio dijo...

Dices al final que hay lectores que "no están para leer historias tristes", a mí me pasa el contrario. Estas novelas suelen gustarme bastante, y esta parece realmente interesante. Además también me fui a leer lo que redactó LilVia en Goodreaders, y no me la quiero perder. ¡Apuntada! Y, gracias por compartirlo.

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