Pestañas

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14 marzo, 2010

Mirarnos y sabernos (Delibes)

«Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos, era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabra, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad».

El protagonista sobre su mujer, Ana, que acaba de morir.

'Señora de rojo sobre fondo gris' (1991) de Miguel Delibes.

Miguel Delibes murió ayer en Valladolid a los 89 años. En la fotografía parece con su mujer Ángeles de Castro.


25 junio, 2008

Viejas historias y cuentos completos

Termino de leer este volumen de 'Viejas historias y cuentos completos' de Miguel Delibes (Menoscuarto Ediciones, Palencia 2006), prologado por Gustavo Martín Garzo. Es un conjunto de textos que, como afirman los editores, "Miguel Delibes dedicó a los géneros del cuento, las historias y la novela corta y que hasta ahora nunca habían aparecido formando una unidad independiente". En este libro están todas las esencias de Delibes: el amor por la naturaleza y "el desamparo, la orfandad radical de los hombres".

"El páramo es una inmensidad desolada, y el día que en el cielo hay nubes, la tierra parece cielo y el cielo la tierra, tan desamueblado e inhóspito es" (La pimpollada del páramo).

"- La vida es eso. Unos viven para enterrar a los otros que se mueren. Lo malo será para el que muera el último" (La mortaja).

En estos párrafos de 'Los nogales' el lenguaje y los vocablos que utiliza Delibes son una auténtica delicia:

"Sus manos, a pesar de los años, seguían precisas y rápidas. En pocos minutos, docenas de nueces, mondas como pequeños cráneos, se apilaban a su derecha, y un montón de conchos, apenas magullados , a su izquierda. El concho se empleaba luego para abonar las berzas y los espárragos". (...) "Después , al caer el sol, escucaba los frutos y, a la amanecida, los tendía amorosamente en la solana y les daba vuelta cada dos horas. Eran nueces mollares, pajariteras, que se cotizaban en el mercado; apenas tenían bizna y los escueznos eran rígidos y sabrosos".

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