Pestañas

16 diciembre, 2009

To say exactly what you want to say

Elliot Erwitt es una afamado fotógrafo que vive en Nueva York y que durante 50 años ha fotografiado Roma, la ciudad eterna. Pero yo no sabía de su existencia y ni siquiera tendré la dicha de visitar la exposición (Elliot Erwitt's Rome) que hasta el 31 de enero de 2010 se puede ver en el Museo di Roma.

Pero lo que me ha sorprendido al leer una reseña en Financial Times sobre Erwitt y su exposición romana son dos cosas que dice y que podría hacer mías sin dudar:

- It's such a relief to speak English .... It is so tiring not being able to say exactly what you want to say" (en mi caso, en español).

- Home is "where you are at the moment for as long as you don't go somewhere else".

13 diciembre, 2009

Refugio en The Frick Collection

Hacía un sol radiante pero un frío endemoniado, sobre todo por el viento helador. Y hemos encontrado refugio en un pequeño museo de una calidad extraordinaria. Eso es lo que es The Frick Collection de Nueva York, la que fue residencia de un enamorado de la pintura -Henry Clay Frick (1849-1919)- que alberga una magnfíca colección de arte, sobre todo pintura, en su interior. No podía imaginar que en sus paredes colgaran varios 'goyas' (el retrato del Duque de Osuna), un 'velázquez' (el Felipe IV de Fraga), varios 'grecos, 'rembrandt', 'vermeer', 'monet', 'degas', 'piero della francesca' o 'turner' entre otros artistas.

El propio edificio, en la Quinta Avenida y construido en 1914 con reminiscencias de la arquitectura europea del siglo XVIII, es otra joya digna de admiración. Como curiosidad, Henry Clay Frick dejó dicho en sus últimas voluntades que ninguno de sus cuadros abandonara nunca sus salas, es decir, nada de préstamos, y as ha ocurrido salvo con alguna de las obras adquiridas posteriormente a su muerte. Sobre la chimenea, en la biblioteca, se puede ver el retrato del propio Frick, un imponente y bien parecido magnate industrial del acero.
Cuando nos despedimos de Frick el frio seguia barriendo la Quinta Avenida y diciembre se colaba en Central Park.


18 octubre, 2009

Tosca (Dress Rehearsal)

Un pequeño artículo en The New York Times, apenas un breve, nos dió la pista: se podían conseguir entradas gratuitas para asistir al ensayo general de 'Tosca' en el Metropolitan Opera House de Nueva York. El único requisito era pasar por taquilla en la mañana de un domingo. Guardamos cola ese día y nos hicimos con cuatro entradas. Fue cuando nos dimos cuenta de que el ensayo (dress rehearsal) sería un jueves a las once de la mañana.

Todos los incovenientes desaparecieron cuando entramos en la sala y comenzó "Tosca" la ópera de Giacomo Puccini. Era el ensayo general pero, en definitiva, la ópera en su totalidad, imponente decorado, extraordinaria orquesta y esplédido vestuario. Toda la magia en el corazón de la ópera de Nueva York.

Ignacio y Laura tuvieron su bautizo de ópera. A todos nos gustó y deslumbró. Ana y yo volvimos a disfrutar de la ópera después de asistir en Madrid a la representación de la "Cavallería Rusticana" de Pietro Mascagni.

Sólo puedo decir que intentaremos volver al Metropolitan.

12 octubre, 2009

Antología de Cuentos Españoles

En el mercadillo (Flea Market) de todos los domingos en la calle Columbus encontré antes del verano esta "Antología de Cuentos Españoles" (edited with exercises, notes and vocabulary) de John M. Hill (Indiana University) y Erasmo Buceta (University of California). Es una edición de 1923 de D.C. Heath & Co., Publishers (Boston, New York y Chicago) para la colección de Contemporary Spanish Texts, general editor Federico de Onís (Professor of Spanish Literature, Columbia University, formerly of the University of Salamanca).

Pagué cinco dólares por esta curiosa antología que recoge cuentos de varios autores españoles que son al mismo tiempo textos de soporte para la enseñanza del español (la antología pertenece a la Heath's Modern Language Series). De esta forma se incluyen al final notas en inglés para cada uno de los cuentos y un amplio vocabulario de todas las palabras que aparecen en sus páginas.

Entre los autores de los cuentos se encuentran Clarín, Felipe Trigo, Vicente Blasco Ibáñez, Pío Baroja, Valle-Inclán, José Echegaray o Azorín -entre otros- o Emilia Pardo Bazán, la única mujer representada. De todos ellos aparece dibujado un pequeño retrato al comienzo de cada cuento.

Pero lo más curioso y lo que más me gustó es que es un libro muy 'trabajado' por aquel que hace ya más de 80 años estudiaba español con él. Todos los textos están subrayados y hay infinidad de palabras traducidas al inglés, escritas a lápiz y pluma de tinta azul con una letra menuda y antigua, sobre las mismas palabras o en los estrechos márgenes de sus páginas.

Y también muy curiosa (probablemente corresponda a algunos de los cuentos incluidos en la antología) la anotación manuscrita en la última página del libro, a lápiz y en letra más grande, que pudo llamar la atención del lector:

"Cansado, mal comido y peor vestido entré en mi cuarto".

14 septiembre, 2009

Lolita

Hay que leer "Lolita" de Vladimir Nabokov (Anagrama, 2005) sin prejuicios ni ideas preconcebidas fruto -entre otras cosas- de las versiones que la han llevado al cine, la más reciente en 1997 con un Jeremy Irons que a mí no me recordó al personaje de Humbert Humbert mientras leía la novela.

Hay que desechar también la sombra de mal gusto o pornografía que ha acompañado a esta obra desde que Navokob la publicara en 1955. Nada de eso he encontrado yo en su lectura sino, al contrario, la fantástica y maravillosamente bien escrita historia de una huída hacia adelante, en sentido literal porque relata el viaje de Humbert con la adolescente Lolita Haze, y en sentido figurado porque Humbert quiere escapar de sí mismo y de las consecuencias de su irrefrenable atracción por Lolita.

Sobre Humbert se puede leer en el prólogo:

"Cierta desesperada honradez que vibra en su confesión no le absuelve de pecados de diabólica astucia. No es un caballero. Pero ¡con qué magia su violín armonioso conjura en nosotros una ternura, una compasión hacia Lolita que hace que nos sintamos fascinados por el libro al mismo tiempo que abominamos de su autor".

Sólo hay que abandonarse a su lectura y disfrutar de la buena literatura que sale de las manos de Nabokov. Yo recordaré la lectura de Lolita en Nueva York en un mes de julio caluroso y plagado de tormentas, con varios pasajes leídos durante algunas tardes en Union Square y Central Park.

12 septiembre, 2009

Intermedio

La última entrada de La Palabra Infinita tiene fecha de 1 de julio, y ya es tiempo de volver. Un verano de por medio con viaje de ida y vuelta y algunas lecturas. Algo así como un intermedio o un "visite nuestro bar" de los cines de antes.

02 julio, 2009

¿Y qué hago yo?

No basta con el impulso de escribir. Debería ser más sencillo; te pones delante del papel o del teclado y empiezas a escribir. Enlazas letras con palabras, ideas con argumentos e historias con personajes, y he aquí que tienes un relato, una poesía, un tratado o una novela. Fácil ¿no?.

Pues yo sigo en el impulso, en las ganas de escribir pero paralizado por una idea, por el vértigo a la primera línea y a que el cerebro envíe a la mano los impulsos necesarios para volcar lo que bulle en la cabeza, lo que uno cree que merece la pena contar. Pero no sólo contar, no sólo redactar sino conmover, conmocionar con las palabras. Esa es mi idea, ese es mi objetivo, esa es mi ambición.

Siempre he escuchado que no hay otro secreto que, como para tantas cosas en la vida, convertir la escritura en una rutina, en un ejercicio disciplinado con el que finalmente uno puede culminar una cima deseada pero con el que se sufre lo indecible en el camino. Que tiene su técnica y que la técnica sólo se mejora con la práctica, y con tiempo y dedicación.

Todo esto viene a cuento de que el otro día repasaba una entrada antigua en el blog 'La fraternidad de Babel' del escritor César Mallorquí. Contaba que, dedicándose a la escritura de forma profesional, es decir, a tiempo completo, se fijaba "un número mínimo de páginas: cuatro al día (aunque por lo general suelen ser seis o siete)", lo que son 20 a la semana y más de 80 al mes. "Y ochenta páginas al mes no está nada mal", afirmaba.

Y leyendo la página de libros de Financial Times me topé también con una pequeña entrevista (Small Talk) a Paul Auster, donde a la pregunta de cuántas palabras escribe al día responde con un contundente "en un buen día una página, más de eso es algo extraordinario".

Entonces, ¿qué hago yo, si tengo trabajo, si tengo familia, si antes de sentarme a escribir hago cualquier otra cosa, si me distraigo con el vuelo de una mosca, si antes de escribir una frase la reescribo treinta veces en la cabeza...? Ya sé: disciplina, sacrificio, robar horas al sueño por la mañana o por la noche, robar horas al deporte, a la tele y ¿también a la lectura? ¿Y que me queda entonces? Pues eso, escribir.

Y por último, obsesionado con una primera frase, tengo que escuchar a John Irving -en el podcast del New York Times Book Review (5 de Junio)- que él sólo comienza a escribir cuándo tiene perfectamente claro cuál es la última frase de su novela.

Me voy a echar a llorar... (y se va a mojar el teclado).

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