No recuerdo muy bien qué fue lo que me llevó hasta Norte. Supongo que el efecto perverso de la promoción, que envía distintas señales al subconsciente por vías diferentes: quizá una entrevista en un diario, el blog del escritor en El Boomeran(g), la portada vista en algún sitio o la cercanía que representa compartir el tablero de Twitter (@edpazsoldan) con el propio autor. Recuerdo haber "conversado" brevemente con él cuando comenté mi deseo de pasar de Eco (Umberto) a Paz Soldán (Edmundo). Quizá también la curiosidad por leer a un escritor latinoamericano que enseña Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell, a unas cuantas millas más al norte -precisamente- de donde uno vive. Edmundo Paz vive en Ithaca, Nueva York.
El caso es que finalmente me hice con la novela -me la trajeron desde Madrid porque era imposible comprarla por Internet para Estados Unidos-, y me sumergí entonces en la historia y los personajes que después te acompañan sin que sea posible dejar de leer salvo -lo reconozco- por la emoción de unos playoffs de la NBA o porque el sueño te haga cerrar los ojos. Casi podría decirse que es una novela en 3D pues son tres las historias que proyectadas al unísono -aunque en tiempo y espacio distintos- producen una imagen única del mundo de los que lo arriesgan todo para huir de la miseria y cruzar la raya buscando ese norte que son sus esperanzas de una vida más digna y plena.
Pero no es sólo una novela sobre la peripecia de los inmigrantes mejicanos que se juegan la vida para entrar en Estados Unidos, es mucho más. Es un thriller (si ese es el género cinematográfico que mejor lo puede expresar) donde cabe un amor enfermizo y tortuoso, la inocencia entrañable del desvalido o la violencia fría y descarnada que me hizo retirar la vista del libro con un escalofrío. Todo este entramado nos va descubriendo la historia de Jesús, el protagonista, del que vamos conociendo un viaje que tiene su origen en la pobreza, el desarraigo y la incultura.
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| @edpazsoldan |
Sobre Norte no puedo decir más de lo que digo siempre cuando un libro me conmueve: hay que leerlo. Y yo ya lo leí.

