Pestañas

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13 junio, 2010

Novela de ajedrez

"A bordo del transatlántico que había de zarpar a medianoche de Nueva York rumbo a Buenos Aires reinaban la animación y el ajetreo propios del último momento". Así empieza un delicioso librito -"Novela de ajedrez", de Stefan Zweig (Acantilado)- que se puede leer de una vez aunque yo lo hice en dos.

En ese transatlántico viaja Mirko Czentovic, el campeón del mundo de ajedrez, y sobre el ajedrez gira obviamente toda la acción; "el único juego que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastío, aguzar los sentidos y estimular el espíritu".

Me pareció una historia fascinante, intensa y bien contada. Me sorprendió después leer la faja promocional que rodea el libro para anunciar que se trata de una 'Novena edición' y donde, además, se incluyen las opiniones de algunos críticos: "Una visión siniestra y sutil de la dialéctica política del fascismo", según Jordi Llovet de La Vanguardia; "Un singularísimo estudio psicológico sobre el telón de fondo de la Alemania Nazi", según Joaquín Aranda de Heraldo de Aragón. Yo no hilé tan fino, únicamente me deleité con la historia, el escenario y sus personajes.

Algunas frases que también subrayé:

- "Querer jugar contra uno mismo representa, en definitiva, una paradoja tan grande en ajedrez, como querer saltar sobre la propia sombra".

- "Vivía como un buzo bajo la campana de cristal en el negro océano de aquel silencio; un buzo que presiente que se ha roto ya la cuerda que le unía al mundo exterior y que nunca más será rescatado de aquellas profundidades".

- "Tanto para el ajedrez como para el amor es imprescindible una pareja".

21 marzo, 2009

Mendel el de los libros

Me tomé un respiro para leer 'Mendel el de los libros' (Acantilado, Barcelona 2009), un librito de 57 páginas del autor vienés Stefan Zweig. Es un relato delicioso escrito en 1929 "sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo XX". Jakob Mendel, el protagonista, es un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado en la misma mesa del café Gluk de Viena.

"Sentí un regusto amargo en los labios. El regusto de la fugacidad. ¿Para qué vivimos, si el viento tras nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas?".
(... ...)
"Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido".

De Stefan Zweig había leido ya 'La impaciencia del corazón' -antes conocido como 'La piedad peligrosa'- que es una joya literaria y una perfecta novela romántica situada esta vez en los albores de la Gran Guerra. Si alguien no ha leído todavía a Stefan Zweig no debería tardar en hacerlo, aunque sea un autor que murió en Brasil hace ya muchos años, en 1942.

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