Pestañas

10 junio, 2007

La Feria del Libro y Rosa Montero

Termina hoy la Feria del Libro de Madrid, la tradicional feria de El Retiro. Antes me gustaba ir a recorrer casetas y husmear libros, con la autoimposición incluso de comprar al menos un libro por edición. Ahora reservo para los Reyes Magos el grueso de mi regalo en libros para el resto del año. Y creo que también he dejado de acudir por el agobio de la gente y porque al final, casi todos los libros se repiten en todas las casetas, libros que puedes encontrar en cualquier otro lado.
Sin embargo, conservo un tesoro de la feria del año 1981 (hace nada más y nada menos que ventiséis años), que cumplía su cuarenta edición. Entonces yo tenía 18 años y pedí a una jóven también Rosa Montero , más periodista entonces que escritora, que me firmara su segundo libro, "La función delta" que por supuesto conservo, con la siguiente dedicatoria escrita con la clásica letra redondeada de chica de colegio:
Para Javier, futuro compañero (quedas emplazado a firmarme un día!) deseándote un delta vital favorable. Un abrazo. Rosa.
***
Quien sí ha estado este año ha sido Cristina (trece años), que con una compañera de clase, y para el periódico que estaban haciendo, entrevistó a Julia Navarro, otra periodista reconvertida en escritora de éxito. Y quién sabe si Cristina, como su padre, no repetirá también como periodista...

La mujer de negro


Esta vez fue teatro. Teatro que hemos descubierto hace pocos años, probablemente cuando hemos tenido más tiempo, más tranquilidad -también más dinero- y más ganas de descubrir algo que parecía reservado a otro tipo de gente. Y el teatro es pura magia: crear vida sobre el escenario a través de la palabra y los sentimientos expresados por esos farsantes que son los actores que representan vidas y emociones hasta hacerlas verdaderas al espectador; una maravilla.

Vimos "La mujer de negro" en el Teatro Infanta Isabel, en la calle Barquillo. Se trata de una adaptación de una novela de Susan Hill (Yorkshire, 1942) y que, según el programa, lleva representándose diecisiete años en el West End londinense y nueve años en México, y ha sido vista ya por más de cinco millones de espectadores en todo el mundo. Dirigida por Eduarzo Bazo, la obra está representada únicamente por dos actores, Emilio Gutiérrez Caba (Arthur Kipps) y Jorge de Juan (el actor), que trabajan soberbiamente. La mujer de negro es una obra de miedo -terror en algunos casos- muy bien conseguida además de por la calidad de los actores por los efectos de luz y sonido que recrean una auténtica atmósfera de pesadilla. Salimos muy satisfechos y con ganas de dejarnos cautivar de nuevo por la magia del teatro.

03 junio, 2007

Manta y almohada


Hace hoy un año que Ignacio y Laura llegaron de nuevo a casa después de pasar un curso completo en Irlanda; y también un año desde que yo comenzaba a escribir este blog. Recuerdo aquella experiencia con cariño, y creo que también con envidia por lo que al menos pienso que debe de tener de mágico, a los 14 y a los 15 años, vivir un año entero en otra parte del mundo, lejos de lo que hasta ese momento has conocido.

Recordaba todo esto el otro día a propósito de una película que vimos Ana y yo, "Un buen nombre (The namesake)", dirigida por una mujer -Mira Nair- y basada en la novela homónima de la escritora norteamericana Jhumpa Lahiri. La historia de una pareja hindú que se casa en Calcuta y se traslada a vivir a Nueva York. "The namesake" habla de dos culturas en conflicto, de dos generaciones y dos formas de vida muy diferentes que entran en conflicto.

Uno de los personajes -en una frase que se repite varias veces y que me hizo añorar la posibilidad de viajar- ofrece un consejo que encierra toda una forma de enfrentar la vida: "Coje una manta y una almohada, y sal a ver mundo. No te arrepentirás". No de otra manera, simplemente con una manta y una almohada...

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Por la tarde, todos juntos, fuimos al cine a ver la tercera parte de Los Piratas del Caribe - El fin del mundo (The Pirates of the Caribbean - At World's End).

02 junio, 2007

Escritura y ficción


Carmen Balcells -editora- responde en el suplemento Fuera de Serie, del diario económico Expansión, a la pregunta de "¿Qué le aconsejaría a alguien que quisiera dedicarse a escribir?":
El trabajo de escritor necesita ocho horas de trabajo diario. Escribir es otra cuestión. Aunque yo no doy consejos, sólo órdenes, lo mejor es coger un cuaderno de notas y escribir una frase que describa la situación actual: "Hoy, día 4 de marzo, empiezo a escribir. Estoy en un avión que sobrevuela cualquier país". A partir de ahí, mucha disciplina. Con el paso de los años, hay algo que he descubierto sola y que casi no he exteriorizado: si a los niños se les acostumbrase en las escuelas a llevar un periódico y explicarlo, adquirirían una disciplina de concisión y orden mental impresionante. Hace unos años, cuando tuve problemas de movilidad sufrí mi mayor crisis. Aquella sensación tan terrible me hizo pensar en empezar un diario, donde dejo constancia de lo que hago cada día. Pero me he dado cuenta de que me autocensuro, a veces estoy a punto de hacer un comentario tan duro que me autocensuro.

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En la misma revista, en otra fecha, el escritor egipcio Alaa Al Aswany -autor de "El edificio Yacobián" (editorial Maeva)- reflexiona acerca de si las novelas cambian la vida de las personas:

No es exactamente que las novelas nos cambien la vida. Hay libros que remueven algo en el interior de las personas, que cambian la visión que tenemos de algunas cosas o hacen aflorar sentimientos inesperados. Una buena manera de evaluar una ficción es preguntarse después de leerla si sentimos algo diferente. Si algo, aunque sea un ligero matiz, ha cambiado en nosotros es que la ficción es buena.
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También sobre la escritura reflexiona J.J. Armas Marcelo en su habitual artículo en ABC de las Letras. El título es claro, "Escribir":
Escribir no es tan fácil. No hay que confundirlo -como hacen tantos- con redactar, que tampoco. A un malo escritor se le notan los defectos en la insistencia en el error, por querer ser más cuando se es menos. A un buen redactor incluso se le perdona la vida y se le puede premiar algún día con un galardón que nadie quiera. Por otra parte, algunos escritores de postín, cuando ganan un premio económicamente importante, lo justifican siempre de la misma manera: el dinero lo quieren para comprar tiempo y escribir. (...) No, escribir no es tan fácil como creen muchos lectores o como asumen algunos escritores que confunden la escritura literaria con la redacción de un texto cualquiera, desde una necrológica sin ganas hasta una invitación sin sentido alguno. (...) ¡Vaya vicio la escritura! Cuando le preguntamos a un escritor las razones de su obsesión por escribir descubrimos mil contestaciones más o menos vacías. Recuerdo, sin embargo, una muy buena y sin excusas del novelista Alberto Omar. "Me puse a escribir", dijo Omar, "porque quería ser alguien ante los demás". Parece respuesta de un escritor sincero frente a tanto mentiroso...

Depresión

Carlos Castilla del Pino -psiquiatra-, en una entrevista en el diario ABC bajo el título "La gran derrota es no poder realizarse" reflexiona sobre la depresión:
Hoy se habla mucho de depresión, pero las verdaderamente serias son relativamente escasas, y en ellas los factores genéticos son decisivos; mientras que hay otras depresiones que están ligadas a circunstancias biográficas y, sobre todo, a la culpa y al sentimiento de fracaso personal, por no haber podido llegar a ser lo que uno ha querido ser, porque no estamos hablando de una ambición imposible. Si uno quiere ser Napoleón, naturalmente es ridículo, se trata de que uno ha deseado ser algo que era imposible, y que dependía de su capacidad para poner la carne en el asador.
El estrés produce cansancio y fatiga y, a veces, un deso de tirar la toalla. Pero lo que sí provoca la depresión es, muchas veces, la competitividad. Mucha gente yerra cuando lo que trata es ser más que el otro. Uno tiene que ser el que quiere ser; no ser más que, porque eso es imposible.

16 mayo, 2007

El Ministerio del Dolor


Aunque lo cuente un poco tarde, mi última lectura de 2006 fue El Ministerio del Dolor, de la escritora croata Dubravka Ugresic. Con este libro rompía del todo con mi ley no escrita de leer desde hace muchos años únicamente a autores españoles o literatura escrita en español. Me decidí a leer esta historia triste y amarga de una autora de un país del Este con una cultura aparentemente tan distinta a la nuestra.
El libro relata la historia, tan cercana en el tiempo y en la geografía como desconocida e incomprensible -al menos para mí-, de la guerra y desintegración de Yugoslavia. No tanto la propia guerra como las consecuencias para quienes fueron protagonistas contemporáneos con nombres y apellidos, y dejaron su país para comenzar una 'nueva vida' -si eso es posible- en otro país; en otra ciudad: Amsterdam. Una ciudad en la que yo mismo viví durante tres meses en el año 1994.
Señalo dos momentos de El Ministerio del Dolor:
- Las mujeres, a diferencia de los hombres, eran invisibles. Ellas, desde la transtienda, empujaban la vida hacia delante. Remendaban los agujeros para que la vida no se derramara, ejercían la vida como el quehacer de cada día. Los hombres, como si no tuvieran ninguna tarea, vivían el exilio como si los aquejara una grave invalidez.
- Las célebres ventanas de Amsterdam sin cortinas descubrían el interior de las casas. El interior descubría la ausencia de intimidad. El derecho sagrado a la intimidad se confirmaba en una paradoja: su ausencia.

17 abril, 2007

Un hombre tranquilo

Recupero de "Ella, tan amada", de Melania G. Mazzucco, un párrafo que, curiosamente, parece devolver mi propia imagen desde un espejo:
"Freddy es un hombre serio, sosegado, no fuma, no bebe, no se droga, no se deja llevar por amores irrregulares, tiene mujer y dos hijos. Es un directivo de empresa: trabaja doce horas al día, el domingo va a misa y luego se queda en casa, con la familia. Un hombre tranquilo".

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