Pestañas

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17 julio, 2007

Estremecerse en verano

Hay muchas razones para estremecerse en verano, un tiempo distinto para muchas cosas que quizá no encuentran hueco durante el resto del año, cosa que también suena un poco a tópico. Pero es verdad que parece un momento idóneo para zambullirse en la lectura. Lo expresa mejor que yo en ABC de las Artes y las Letras J.J. Armas Marcelo en un artículo titulado "Lectores de verano": "El lector de verano no tiene prisa. Como la luz de un sueño, se va desplazando de metro en metro -de página en página- con una paciencia que en el resto de los meses no puede practicar como lo que es, una de las bellas artes para sobrevivir".
Hace algunas semanas que elegí y compré mi lectura para este verano, ciertamente una novela para saborear (espero) con tiempo y con algo de tranquilidad de espíritu. De hecho, ayer le hinqué el diente a las primeras páginas de "La montaña mágica" de Thomas Mann, uno de esos libros que creo tener el deber de leer, confiando, eso sí, en no tener que tirar la toalla en el intento como me sucedió con el "Ulises" de Joyce. Y en un tris he estado de empezar el verano leyendo a Harry Potter. Y lo haré algún día; aunque T. Mann seguramente no tenga nada que ver con J. K. Rowling. Simplemente porque siento curiosidad por saber qué ha embelesado a tantos jóvenes que de otra manera probablemente no habrían leído ningún otro libro en la vida.
Y porque como dice Armas Marcelo "quienes prefieren la lectura como simple entretenimiento (y no como estremecimiento de sí mismos) están en su derecho de perder el tiempo". Pues eso, que espero estremecerme este verano con La montaña mágica.

02 junio, 2007

Escritura y ficción


Carmen Balcells -editora- responde en el suplemento Fuera de Serie, del diario económico Expansión, a la pregunta de "¿Qué le aconsejaría a alguien que quisiera dedicarse a escribir?":
El trabajo de escritor necesita ocho horas de trabajo diario. Escribir es otra cuestión. Aunque yo no doy consejos, sólo órdenes, lo mejor es coger un cuaderno de notas y escribir una frase que describa la situación actual: "Hoy, día 4 de marzo, empiezo a escribir. Estoy en un avión que sobrevuela cualquier país". A partir de ahí, mucha disciplina. Con el paso de los años, hay algo que he descubierto sola y que casi no he exteriorizado: si a los niños se les acostumbrase en las escuelas a llevar un periódico y explicarlo, adquirirían una disciplina de concisión y orden mental impresionante. Hace unos años, cuando tuve problemas de movilidad sufrí mi mayor crisis. Aquella sensación tan terrible me hizo pensar en empezar un diario, donde dejo constancia de lo que hago cada día. Pero me he dado cuenta de que me autocensuro, a veces estoy a punto de hacer un comentario tan duro que me autocensuro.

***
En la misma revista, en otra fecha, el escritor egipcio Alaa Al Aswany -autor de "El edificio Yacobián" (editorial Maeva)- reflexiona acerca de si las novelas cambian la vida de las personas:

No es exactamente que las novelas nos cambien la vida. Hay libros que remueven algo en el interior de las personas, que cambian la visión que tenemos de algunas cosas o hacen aflorar sentimientos inesperados. Una buena manera de evaluar una ficción es preguntarse después de leerla si sentimos algo diferente. Si algo, aunque sea un ligero matiz, ha cambiado en nosotros es que la ficción es buena.
***
También sobre la escritura reflexiona J.J. Armas Marcelo en su habitual artículo en ABC de las Letras. El título es claro, "Escribir":
Escribir no es tan fácil. No hay que confundirlo -como hacen tantos- con redactar, que tampoco. A un malo escritor se le notan los defectos en la insistencia en el error, por querer ser más cuando se es menos. A un buen redactor incluso se le perdona la vida y se le puede premiar algún día con un galardón que nadie quiera. Por otra parte, algunos escritores de postín, cuando ganan un premio económicamente importante, lo justifican siempre de la misma manera: el dinero lo quieren para comprar tiempo y escribir. (...) No, escribir no es tan fácil como creen muchos lectores o como asumen algunos escritores que confunden la escritura literaria con la redacción de un texto cualquiera, desde una necrológica sin ganas hasta una invitación sin sentido alguno. (...) ¡Vaya vicio la escritura! Cuando le preguntamos a un escritor las razones de su obsesión por escribir descubrimos mil contestaciones más o menos vacías. Recuerdo, sin embargo, una muy buena y sin excusas del novelista Alberto Omar. "Me puse a escribir", dijo Omar, "porque quería ser alguien ante los demás". Parece respuesta de un escritor sincero frente a tanto mentiroso...

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