Pestañas

16 mayo, 2007

El Ministerio del Dolor


Aunque lo cuente un poco tarde, mi última lectura de 2006 fue El Ministerio del Dolor, de la escritora croata Dubravka Ugresic. Con este libro rompía del todo con mi ley no escrita de leer desde hace muchos años únicamente a autores españoles o literatura escrita en español. Me decidí a leer esta historia triste y amarga de una autora de un país del Este con una cultura aparentemente tan distinta a la nuestra.
El libro relata la historia, tan cercana en el tiempo y en la geografía como desconocida e incomprensible -al menos para mí-, de la guerra y desintegración de Yugoslavia. No tanto la propia guerra como las consecuencias para quienes fueron protagonistas contemporáneos con nombres y apellidos, y dejaron su país para comenzar una 'nueva vida' -si eso es posible- en otro país; en otra ciudad: Amsterdam. Una ciudad en la que yo mismo viví durante tres meses en el año 1994.
Señalo dos momentos de El Ministerio del Dolor:
- Las mujeres, a diferencia de los hombres, eran invisibles. Ellas, desde la transtienda, empujaban la vida hacia delante. Remendaban los agujeros para que la vida no se derramara, ejercían la vida como el quehacer de cada día. Los hombres, como si no tuvieran ninguna tarea, vivían el exilio como si los aquejara una grave invalidez.
- Las célebres ventanas de Amsterdam sin cortinas descubrían el interior de las casas. El interior descubría la ausencia de intimidad. El derecho sagrado a la intimidad se confirmaba en una paradoja: su ausencia.

17 abril, 2007

Un hombre tranquilo

Recupero de "Ella, tan amada", de Melania G. Mazzucco, un párrafo que, curiosamente, parece devolver mi propia imagen desde un espejo:
"Freddy es un hombre serio, sosegado, no fuma, no bebe, no se droga, no se deja llevar por amores irrregulares, tiene mujer y dos hijos. Es un directivo de empresa: trabaja doce horas al día, el domingo va a misa y luego se queda en casa, con la familia. Un hombre tranquilo".

15 abril, 2007

Dicha y condenación



En un ensayo de 1935 titulado ¡Atención, Europa!, Thomas Mann escribe: "Resulta más que curioso ver lo poco que somos capaces de imaginarnos la opinión que habría tenido un difunto sobre los acontecimientos que tuvieran lugar después de su existencia. [...] A su alejamiento del tiempo se debe ese aire distinguido que tienen los muertos y que un día inspiró a un poeta las palabras: "Un mendigo muerto es más respetable que un rey vivo". Pero también la vida tiene su dignidad, pues es un poder que elige, y el hecho mismo de que nos mantenga en una época y un mundo de transformaciones, implica tanto una vocación natural como una autorización biológica para meter baza en los asuntos mundanos: nuestro juicio es una instancia competente en esa temporalidad, y el hecho de que "ya no entendamos nada" resulta tan absurdo en cuanto prohibición para hablar como lo tendría una abdicación voluntaria.
Así, nadie con ojos para ver y capacidad para inquietarse se ha inhibido nunca de emitir los juicios más severos sobre los jóvenes de su tiempo por el mero hecho de ser viejo. Al fin y al cabo, sus juicios podrían ser acertados a pesar de todo. La confesión del Goethe anciano de que amaba a la juventud de todo corazón, y que también se había amado mucho más a sí mismo de joven que ahora, figura rodeada de muchas declaraciones que no ocultan su impaciencia con la nueva generación ni su falta de confianza en ella.

"Cuando uno ve", escribe en 1812, "de qué modo el mundo en general, y especialmente los jóvenes, no sólo se entrega a sus deseos y pasiones, sino, sobre todo, de qué modo lo más elevado y lo mejor que tienen acaba siendo desplazado y caricaturizado por las necedades aparentemente serias de su tiempo, de tal modo que todo lo que debería llevarles a la dicha acaba siendo su condenación, por no hablar de la indecible presión exterior a la que están sometidos, a uno ya no le sorprenden los hechos atroces con los que el hombre hace estragos contra sí mismo y contra los demás".

18 marzo, 2007

Apuntes I (Manifestación)

Centenares de banderas de España. Personas mayores. Un hombre con abrigo oscuro sujeta su bandera desde su silla de ruedas.
Algunos rostros están serios mientras una música pop suena en la Plaza de Colón. El viento, a ráfagas fuertes, agita las banderas. Dos torres de andamios sujetan dos lonas con el lema de la manifestación: "España por la libertad. No más cesiones a ETA".
Son las cinco, la hora de comienzo de la manifestación en La Puerta de Alcalá. Y en la Plaza de Colón se estrecha el espacio. Suena "Libertad sin ira". La gente lo acompaña con palmas. Alguien grita "Viva España".
Una joven, morena y guapa, de una belleza caribeña, con el pelo recogido en una coleta, sujeta una cartulina blanca. Escrito a mano: "No nos da la gana / que suelten a De Juana".
Dos helicópteros, como aves majestuosas, nos observan posados en el cielo de Madrid.

11 marzo, 2007

Paisajes

Francisco Calvo Serraller escribe en Babelia, el suplemento cultural de El País, un artículo titulado 'Afinidad'. En él cuenta:

"Algunos acontecimientos, algunos seres, son como los paisajes", escribe Yasmina Reza en sus breves apuntes autobiográficos, publicados con el título Ninguna parte (Seix Barral). "No se les puede retener (o recordar) más que de pasada, a hurtadillas. Ejercen sin embargo una influencia radical sobre todo lo que es formulado, son la materia misma de la escritura".

Proyecto personal



Renata Salecl, filósofa y socióloga, profesora de la London School of Economics, escribe en el suplemento cultural de La Vanguardia (24/1/2007) un artículo titulado Yo S.A., del que extraigo algunos párrafos:

(...) En una época de incertidumbre radical, cuando la vida cada vez parece menos predecible y controlable y cuando el individuo se enfrenta sin cesar a nuevas ansiedades tanto en el ámbito de la vida privada como en el compromiso público, la persona es interpelada en tanto que alguien dueño de su destino. La ideología actual insiste en la idea de que los individuos disponen de posibilidades infinitas para convertirse en lo que deseen. Por ello, la subjetividad contemporánea es percibida como un flujo constante de autoinvención. El sujeto es un artista, creador de su vida. Al tiempo que el individuo se encuentra bajo una presión constante para que se autoevalúe, también es alentado para que sea flexible, se arriesgue y se convierta en lo que de verdad desea ser.

(...) Vivimos en una época dominada por el capital impaciente y en la que existe un deseo constante de resultados rápidos. Ahora bien, no sólo las compañías y los servicios financieros se enfrentan a inversiones y juicios acerca de los riesgos que pueden o no asumirse. Todo individuo debe actuar como si fuera su propia empresa. Por lo tanto, debemos considerar nuestra vida como Yo S.A.; se supone que debemos tener un plan de objetivos en la vida, pensar en inversiones a largo plazo, ser flexibles y reestructurar la empresa vital, así como correr los riesgos necesarios con el fin de incrementar los beneficios.

(...) Al tiempo que se nos alienta a trabajar sin tregua en nuestro cuerpo por medio del ejercicio extenuante, la dieta y la cirugía plástica, también se supone que debemos actuar sobre nuestra vida interior, sobre las emociones, los afectos y las relaciones. No recuerdo que la generación de mis padres hablara alguna vez de la necesidad de trabajar en uno mismo. Nuestros progenitores vivieron una vida que no tuvo mucho que ver con la idea de realización personal y mucho más con la idea de seguir cierta senda que seguía todo el mundo. Hace sólo un par de décadas, el transcurrir de una vida típica era mucho más sencilla que hoy. La típica vida de clase media parecía consistir en trabajar, educar a los hijos, ahorrar para que pudieran ir a la universidad, cuidar de padres mayores y, de vez en cuando, divertirse con viajes y vacaciones.
* * *
También al respecto leo lo que escribe Germán Gullón en ABC de las Artes y las Letras (8/3/2007) en una crítica a 'Esta historia' el libro del autor italiano Alessandro Baricco (1959):

(...) dicho en los términos más cercanos a Baricco, vivir no supone simplemente esquivar con inteligencia los posibles daños que nos pueden causar una actuación directa, sino actuar guiados por la conciencia de nuestro deber y del destino. Vivir supone tener un proyecto personal y actuar movido por el deseo de cumplirlo.

04 marzo, 2007

Literatura y Evangelios


Andrés Ibañez escribe en ABC de Las Letras (17/2/2007) que "la literatura se vuelve hacia la historia por el ejemplo de Cristo. La literatura de occidente nace de los Evangelios, que cuentan de forma realista la vida de un hombre cualquiera. De ahí tomamos la necesidad de situar al sujeto en la Historia, la idea musical de de construir la vida como una teleología y la creación del espacio del yo histórico, que es el yo psicológico marcado por el deseo, la esperanza y la muerte. El nacimiento y la muerte de Cristo son los acontecimientos centrales de nuestra cultura.

Cuando la palabra alcanza la sustancia, cuando un poema dice cosas memorables, cuando un verso o un párrafo suscitan una imagen imborrable en nuestra imaginación, cuando nos parece que un texto nos habla (¡y nos sorprende menos que si nos hablara un pájaro o una montaña!), cuando sentimos las palabras como piedras calientes o húmeda piel humana, cuando estamos, en fin, en presencia de la literatura, a la que siempre deberíamos llamar por su verdadero nombre: poesía, estamos en presencia del milagro de la encarnación, porque el cuerpo del lenguaje no es otro que el cuerpo de Cristo, la palabra hecha carne. La poesía nos permite experimentar la sustancia del nacimiento y muerte de Cristo porque encarna en el lenguaje la experiencia de nuestra evaporación unida a la experiencia de lo astral, la "estrella en el hombre" de Paracelso, la imaginación".

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