Pestañas

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11 julio, 2011

Un cadáver en «La playa de los ahogados»

Y llegó el momento de volver a leer a Domingo Villar (Vigo, 1971). Ha sido  doce lecturas después de Ojos de agua, su primera novela (recomendación de otra gallega, @Nuria00) que me dejó un sabor de boca inmejorable. Entre aquella y ésta, «La playa de los ahogados» (Siruela, 2009), han mediado por lo tanto diversos autores y estilos pero también cierta impaciencia por volver a disfrutar de la novela policiaca de Villar y por poder comentar la jugada con Ana y con mi hijo Ignacio que ya la leyeron. Y doy fe de que la espera mereció la pena.
 
En cualquier relato, en cualquier novela, sea cual sea su género, el espacio donde transcurre la acción es tan importante en ocasiones como el perfil de sus personajes o el punto de vista del autor. En el caso de las dos novelas que hasta ahora ha publicado Domingo Villar, ese espacio se llama Galicia, no sólo en el sentido de representar una geografía concreta sino también una idiosincrasia (espero que no suene demasiado cursi) que lo convierten también en protagonista fundamental de la narración.

Como en la inmensa mayoría de las historias policiacas, en La playa de los ahogados también hay un muerto, esta vez un pescador, cuyo caso investigan el inspector de la comisaría de Vigo, Leo Caldas, y su ayudante, el aragonés Rafael Estévez. Ellos son, al igual que el paisaje, quizá el mayor atractivo de la novela, una especie de Sherlock Holmes y doctor Watson -como tantas otras parejas célebres de investigadores- a quienes Domingo Villar ha rebajado en esta segunda entrega de sus respectivas poses de inspector taciturno y ayudante impulsivo. Aunque en este punto no puedo resistirme a ilustrar los modales del segundo:

- ¡Qué mal de ojo ni qué cojones! -voceó indignado el aragonés mientras buscaba una servilleta en una mesa vecina-. Me ha escupido en el zapato.
 
Pero no menos importante es el caso, el cadáver del marinero que aparece una mañana flotando en la orilla de la playa de Panxón con las manos atadas. Villar ha hurdido una trama que gana en complejidad respecto a Ojos de agua y, por lo tanto, en emoción. Los capítulos, cortos, avanzan de forma lineal tanto en la investigación como en las historias paralelas que se bifurcan para complementar la principal. El resultado es una novela más trabajada, más completa y más redonda que se lee con verdadero interés. Si he de poner un único pero es la insistencia de Villar por empezar todos los capítulos con la definición que da el diccionario de una palabra contenida en el mismo: un sustantivo, un verbo o un adjetivo. En su primera novela resultó un recurso original; en ésta, un recurso forzado y algo cansino.

En cualquier caso, si no habéis leído las dos novelas de Domingo Villar todavía estáis a tiempo de poneros al día, y la playa y el verano son dos circunstancias -espacial y temporal- muy propicias para hacerlo. Nosotros, en casa, ya esperamos el tercer caso del "mítico Leo Caldas", como nos referimos con cariño al inspector gallego.

P.D.- Quizá se trate del desenlace del reciente robo del Códice Calixtino, aunque es poco probable pues no corresponde a su jurisdicción, Vigo, sino a la de Santiago de Compostela, ni tampoco hay cadáver de por medio. Veremos.

14 febrero, 2011

Libros en el camino

Libros en el camino
Hace tiempo escribí una entrada en este mismo blog que titulaba 'No consigo que lean'. Me refería a mis hijos y básicamente a mi rendición incondicional en el intento de que se aficionaran a la lectura y mi decisión de no volver a insistir: cuanto más se empeña uno en una cosa mayor rechazo produce, sobre todo a ciertas edades.

Han pasado algunos años y la situación no ha mejorado. A pesar de que nos han visto leer, de que siempre ha habido muchos libros en casa y de que, sin habernos podido morder del todo la lengua, de vez en cuando hemos insinuado con algún comentario las bondades de la lectura, el hábito de leer no ha arraigado en ellos.

Sin embargo, hace unos días que la espera ha dado, aparentemente, sus frutos. Decía yo entonces que "igual que se busca una novia y no se encuentra hasta un día en que, sin saber cómo ni por qué, se cruza en tu camino, así sucederá también -cuando menos lo busquen y lo esperen- con el libro que se cruce en sus vidas". Pues algo así ha debido suceder cuando se han topado con tres libros: El tiempo entre costuras, de María Dueñas, y Ojos de agua y La playa de los ahogados, de Domingo Villar; una novela histórico-romántica y dos novelas policíacas. La primera la leyó una de mis hijas y las otras, mi hijo. Lo más interesante fue el descubrimiento de mi hija, que creía estar viendo una película en la que ella misma ponía imágenes y cara a los actores, además de que estaba deseando retomar la lectura a cada poco.

Proceso mental
Hablando de imágenes, hay que decir que estos son tiempos difíciles para la lectura, especialmente para los jóvenes, acostumbrados a obtener la información a través de soportes audiovisuales. Decía el profesor Ramón Sarmiento, catedrático de Lengua de la Universidad Rey Juan Carlos, en el artículo '¿Qué leen los jóvenes?', (La Vanguardia), que "leer conlleva un proceso mental más costoso que visualizar imágenes, porque éstas pueden almacenarse pero no requieren de procesamiento y reflexión; por eso, la máxima 'una imagen vale más que mil palabras' es incierta; porque una imagen por sí misma es información ambigua, que no significa nada, ni requiere del pensamiento".

Sin duda es difícil, mucho, luchar contra la competencia de la televisión, los videojuegos, el ordenador, el deporte, la música y otra multitud de actividades seguramente más "sexys" para los jóvenes que la lectura.

Por lo tanto no puedo cantar victoria. Uno puede poner toda la ilusión en plantar una mata, abonar la maceta, ponerla entre sol y sombra, regar a poquitos, quitar las hojas malas, realizar todos los cuidados que cita el manual de jardinería; todo eso no valdrá de nada si la planta decide que no está cómoda y que no tiene intención de crecer. Quizá lo que he visto haya sido entonces un pequeño brote en la superficie, aunque espero que lo que realmente haya crecido hayan sido las raíces, que no se ven pero hacen a la planta más firme y robusta.

PD.- Gracias a María Dueñas y a Domingo Villar.

24 enero, 2011

«Ojos de agua»

Hacía tiempo, bastante, que no leía una novela policíaca, hasta que me he encontrado con «Ojos de agua» (Siruela, 2006), la ópera prima del escritor gallego Domingo Villar (Vigo, 1971), desconocido para mí hasta ahora pero de quien había tenido muy buenas referencias.

Una novela en la que he vuelto a reconocer las claves del género que tanto se repiten de unos autores a otros: un crimen que investigar, una pareja de policías con personalidades y maneras muy distintas, un jefe/comisario exigente e irascible, una trama en la que lo que parece evidente no lo es tanto y con un culpable -sólo o en compañía- en el que tampoco nadie reparaba como asesino.

Todo esto está en la obra de Domingo Villar, pero no es lo único. La historia se sitúa en Vigo en la actualidad -en algunos parajes que he reconocido en la memoria de mis veraneos en la Ría de Vigo frente a la Isla de Toralla- y porque retrata muy bien el paisaje y el paisanaje de Galicia a través de sus descripciones, de los personajes y sus entornos. Y sin duda la pareja de policías, Leo Caldas -inspector gallego- y Rafael Estévez -su ayudante aragonés-, le sirven muy bien en este propósito a Domingo Villar.

Aun siendo su primera obra, Ojos de agua es una novela bien estructurada, con un argumento creíble, escrita con un lenguaje cuidado, con buenos diálogos y con personajes muy bien caracterizados. Únicamente me quedó un sabor amargo con la rapidez con que se produce el desenlace final, desvelándose todas las claves en un relato precipitado de unas pocas páginas.

Domingo Villar
Sin embargo, creo que lo mejor que puedo decir de este libro y de su autor es que ya tengo en la librería su segunda novela -«La playa de los ahogados»-, de la que me han dicho ya por distintas fuentes que es mejor o más completa que Ojos de agua. Veremos o, mejor dicho, leeremos.

- Puedes leer una entrevista con Domingo Villar haciendo click aquí.

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