Recupero de "Ella, tan amada", de Melania G. Mazzucco, un párrafo que, curiosamente, parece devolver mi propia imagen desde un espejo:
"Freddy es un hombre serio, sosegado, no fuma, no bebe, no se droga, no se deja llevar por amores irrregulares, tiene mujer y dos hijos. Es un directivo de empresa: trabaja doce horas al día, el domingo va a misa y luego se queda en casa, con la familia. Un hombre tranquilo".
Pestañas
17 abril, 2007
15 abril, 2007
Dicha y condenación
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En un ensayo de 1935 titulado ¡Atención, Europa!, Thomas Mann escribe: "Resulta más que curioso ver lo poco que somos capaces de imaginarnos la opinión que habría tenido un difunto sobre los acontecimientos que tuvieran lugar después de su existencia. [...] A su alejamiento del tiempo se debe ese aire distinguido que tienen los muertos y que un día inspiró a un poeta las palabras: "Un mendigo muerto es más respetable que un rey vivo". Pero también la vida tiene su dignidad, pues es un poder que elige, y el hecho mismo de que nos mantenga en una época y un mundo de transformaciones, implica tanto una vocación natural como una autorización biológica para meter baza en los asuntos mundanos: nuestro juicio es una instancia competente en esa temporalidad, y el hecho de que "ya no entendamos nada" resulta tan absurdo en cuanto prohibición para hablar como lo tendría una abdicación voluntaria.
Así, nadie con ojos para ver y capacidad para inquietarse se ha inhibido nunca de emitir los juicios más severos sobre los jóvenes de su tiempo por el mero hecho de ser viejo. Al fin y al cabo, sus juicios podrían ser acertados a pesar de todo. La confesión del Goethe anciano de que amaba a la juventud de todo corazón, y que también se había amado mucho más a sí mismo de joven que ahora, figura rodeada de muchas declaraciones que no ocultan su impaciencia con la nueva generación ni su falta de confianza en ella.
"Cuando uno ve", escribe en 1812, "de qué modo el mundo en general, y especialmente los jóvenes, no sólo se entrega a sus deseos y pasiones, sino, sobre todo, de qué modo lo más elevado y lo mejor que tienen acaba siendo desplazado y caricaturizado por las necedades aparentemente serias de su tiempo, de tal modo que todo lo que debería llevarles a la dicha acaba siendo su condenación, por no hablar de la indecible presión exterior a la que están sometidos, a uno ya no le sorprenden los hechos atroces con los que el hombre hace estragos contra sí mismo y contra los demás".
Así, nadie con ojos para ver y capacidad para inquietarse se ha inhibido nunca de emitir los juicios más severos sobre los jóvenes de su tiempo por el mero hecho de ser viejo. Al fin y al cabo, sus juicios podrían ser acertados a pesar de todo. La confesión del Goethe anciano de que amaba a la juventud de todo corazón, y que también se había amado mucho más a sí mismo de joven que ahora, figura rodeada de muchas declaraciones que no ocultan su impaciencia con la nueva generación ni su falta de confianza en ella.
"Cuando uno ve", escribe en 1812, "de qué modo el mundo en general, y especialmente los jóvenes, no sólo se entrega a sus deseos y pasiones, sino, sobre todo, de qué modo lo más elevado y lo mejor que tienen acaba siendo desplazado y caricaturizado por las necedades aparentemente serias de su tiempo, de tal modo que todo lo que debería llevarles a la dicha acaba siendo su condenación, por no hablar de la indecible presión exterior a la que están sometidos, a uno ya no le sorprenden los hechos atroces con los que el hombre hace estragos contra sí mismo y contra los demás".18 marzo, 2007
Apuntes I (Manifestación)
Centenares de banderas de España. Personas mayores. Un hombre con abrigo oscuro sujeta su bandera desde su silla de ruedas.
Algunos rostros están serios mientras una música pop suena en la Plaza de Colón. El viento, a ráfagas fuertes, agita las banderas. Dos torres de andamios sujetan dos lonas con el lema de la manifestación: "España por la libertad. No más cesiones a ETA".
Son las cinco, la hora de comienzo de la manifestación en La Puerta de Alcalá. Y en la Plaza de Colón se estrecha el espacio. Suena "Libertad sin ira". La gente lo acompaña con palmas. Alguien grita "Viva España".
Una joven, morena y guapa, de una belleza caribeña, con el pelo recogido en una coleta, sujeta una cartulina blanca. Escrito a mano: "No nos da la gana / que suelten a De Juana".
Dos helicópteros, como aves majestuosas, nos observan posados en el cielo de Madrid.
Algunos rostros están serios mientras una música pop suena en la Plaza de Colón. El viento, a ráfagas fuertes, agita las banderas. Dos torres de andamios sujetan dos lonas con el lema de la manifestación: "España por la libertad. No más cesiones a ETA".
Son las cinco, la hora de comienzo de la manifestación en La Puerta de Alcalá. Y en la Plaza de Colón se estrecha el espacio. Suena "Libertad sin ira". La gente lo acompaña con palmas. Alguien grita "Viva España".
Una joven, morena y guapa, de una belleza caribeña, con el pelo recogido en una coleta, sujeta una cartulina blanca. Escrito a mano: "No nos da la gana / que suelten a De Juana".
Dos helicópteros, como aves majestuosas, nos observan posados en el cielo de Madrid.
11 marzo, 2007
Paisajes
Francisco Calvo Serraller escribe en Babelia, el suplemento cultural de El País, un artículo titulado 'Afinidad'. En él cuenta:
"Algunos acontecimientos, algunos seres, son como los paisajes", escribe Yasmina Reza en sus breves apuntes autobiográficos, publicados con el título Ninguna parte (Seix Barral). "No se les puede retener (o recordar) más que de pasada, a hurtadillas. Ejercen sin embargo una influencia radical sobre todo lo que es formulado, son la materia misma de la escritura".
"Algunos acontecimientos, algunos seres, son como los paisajes", escribe Yasmina Reza en sus breves apuntes autobiográficos, publicados con el título Ninguna parte (Seix Barral). "No se les puede retener (o recordar) más que de pasada, a hurtadillas. Ejercen sin embargo una influencia radical sobre todo lo que es formulado, son la materia misma de la escritura".
Proyecto personal
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Renata Salecl, filósofa y socióloga, profesora de la London School of Economics, escribe en el suplemento cultural de La Vanguardia (24/1/2007) un artículo titulado Yo S.A., del que extraigo algunos párrafos:
(...) En una época de incertidumbre radical, cuando la vida cada vez parece menos predecible y controlable y cuando el individuo se enfrenta sin cesar a nuevas ansiedades tanto en el ámbito de la vida privada como en el compromiso público, la persona es interpelada en tanto que alguien dueño de su destino. La ideología actual insiste en la idea de que los individuos disponen de posibilidades infinitas para convertirse en lo que deseen. Por ello, la subjetividad contemporánea es percibida como un flujo constante de autoinvención. El sujeto es un artista, creador de su vida. Al tiempo que el individuo se encuentra bajo una presión constante para que se autoevalúe, también es alentado para que sea flexible, se arriesgue y se convierta en lo que de verdad desea ser.
(...) Vivimos en una época dominada por el capital impaciente y en la que existe un deseo constante de resultados rápidos. Ahora bien, no sólo las compañías y los servicios financieros se enfrentan a inversiones y juicios acerca de los riesgos que pueden o no asumirse. Todo individuo debe actuar como si fuera su propia empresa. Por lo tanto, debemos considerar nuestra vida como Yo S.A.; se supone que debemos tener un plan de objetivos en la vida, pensar en inversiones a largo plazo, ser flexibles y reestructurar la empresa vital, así como correr los riesgos necesarios con el fin de incrementar los beneficios.
(...) Al tiempo que se nos alienta a trabajar sin tregua en nuestro cuerpo por medio del ejercicio extenuante, la dieta y la cirugía plástica, también se supone que debemos actuar sobre nuestra vida interior, sobre las emociones, los afectos y las relaciones. No recuerdo que la generación de mis padres hablara alguna vez de la necesidad de trabajar en uno mismo. Nuestros progenitores vivieron una vida que no tuvo mucho que ver con la idea de realización personal y mucho más con la idea de seguir cierta senda que seguía todo el mundo. Hace sólo un par de décadas, el transcurrir de una vida típica era mucho más sencilla que hoy. La típica vida de clase media parecía consistir en trabajar, educar a los hijos, ahorrar para que pudieran ir a la universidad, cuidar de padres mayores y, de vez en cuando, divertirse con viajes y vacaciones.
(...) En una época de incertidumbre radical, cuando la vida cada vez parece menos predecible y controlable y cuando el individuo se enfrenta sin cesar a nuevas ansiedades tanto en el ámbito de la vida privada como en el compromiso público, la persona es interpelada en tanto que alguien dueño de su destino. La ideología actual insiste en la idea de que los individuos disponen de posibilidades infinitas para convertirse en lo que deseen. Por ello, la subjetividad contemporánea es percibida como un flujo constante de autoinvención. El sujeto es un artista, creador de su vida. Al tiempo que el individuo se encuentra bajo una presión constante para que se autoevalúe, también es alentado para que sea flexible, se arriesgue y se convierta en lo que de verdad desea ser.
(...) Vivimos en una época dominada por el capital impaciente y en la que existe un deseo constante de resultados rápidos. Ahora bien, no sólo las compañías y los servicios financieros se enfrentan a inversiones y juicios acerca de los riesgos que pueden o no asumirse. Todo individuo debe actuar como si fuera su propia empresa. Por lo tanto, debemos considerar nuestra vida como Yo S.A.; se supone que debemos tener un plan de objetivos en la vida, pensar en inversiones a largo plazo, ser flexibles y reestructurar la empresa vital, así como correr los riesgos necesarios con el fin de incrementar los beneficios.
(...) Al tiempo que se nos alienta a trabajar sin tregua en nuestro cuerpo por medio del ejercicio extenuante, la dieta y la cirugía plástica, también se supone que debemos actuar sobre nuestra vida interior, sobre las emociones, los afectos y las relaciones. No recuerdo que la generación de mis padres hablara alguna vez de la necesidad de trabajar en uno mismo. Nuestros progenitores vivieron una vida que no tuvo mucho que ver con la idea de realización personal y mucho más con la idea de seguir cierta senda que seguía todo el mundo. Hace sólo un par de décadas, el transcurrir de una vida típica era mucho más sencilla que hoy. La típica vida de clase media parecía consistir en trabajar, educar a los hijos, ahorrar para que pudieran ir a la universidad, cuidar de padres mayores y, de vez en cuando, divertirse con viajes y vacaciones.
* * *
También al respecto leo lo que escribe Germán Gullón en ABC de las Artes y las Letras (8/3/2007) en una crítica a 'Esta historia' el libro del autor italiano Alessandro Baricco (1959):
(...) dicho en los términos más cercanos a Baricco, vivir no supone simplemente esquivar con inteligencia los posibles daños que nos pueden causar una actuación directa, sino actuar guiados por la conciencia de nuestro deber y del destino. Vivir supone tener un proyecto personal y actuar movido por el deseo de cumplirlo.
04 marzo, 2007
Literatura y Evangelios

Andrés Ibañez escribe en ABC de Las Letras (17/2/2007) que "la literatura se vuelve hacia la historia por el ejemplo de Cristo. La literatura de occidente nace de los Evangelios, que cuentan de forma realista la vida de un hombre cualquiera. De ahí tomamos la necesidad de situar al sujeto en la Historia, la idea musical de de construir la vida como una teleología y la creación del espacio del yo histórico, que es el yo psicológico marcado por el deseo, la esperanza y la muerte. El nacimiento y la muerte de Cristo son los acontecimientos centrales de nuestra cultura.
Cuando la palabra alcanza la sustancia, cuando un poema dice cosas memorables, cuando un verso o un párrafo suscitan una imagen imborrable en nuestra imaginación, cuando nos parece que un texto nos habla (¡y nos sorprende menos que si nos hablara un pájaro o una montaña!), cuando sentimos las palabras como piedras calientes o húmeda piel humana, cuando estamos, en fin, en presencia de la literatura, a la que siempre deberíamos llamar por su verdadero nombre: poesía, estamos en presencia del milagro de la encarnación, porque el cuerpo del lenguaje no es otro que el cuerpo de Cristo, la palabra hecha carne. La poesía nos permite experimentar la sustancia del nacimiento y muerte de Cristo porque encarna en el lenguaje la experiencia de nuestra evaporación unida a la experiencia de lo astral, la "estrella en el hombre" de Paracelso, la imaginación".
02 enero, 2007
Annemarie Schwarzenbach

Penúltima lectura de 2006 fue un magnífico -sin paliativos- libro de la escritora italiana Melania G. Mazzucco (Roma, 1966). 'Ella, tan amada' (Anagrama, 2006) es un libro escrito en 2000 y que recibió los Premios Napoli y Vittorini. Una biografía novelada, recreada con una prosa preciosa y arrolladora.
Annemarie Schwarzenbach es un personaje inquietante que vive en un tiempo convulso; escritora, arqueóloga, periodista y fotógrafa que encontaría la muerte muy joven (1908-1942) después de vivir una vida intensa marcada por la amistad y las relaciones de familia. Mazzucco la retrata como "inefable, misteriosa como un angel asexuado, serio y terrible".
"En qué momento los que se hicieron amigos de jóvenes empiezan a encontrarse cambiados?", se pregunta en un momento. Y viajó sola al Congo "para no escuchar más que la música oscura del río y de sí misma".
"Angel devastado", así llamó Thomas Mann a la joven Annemarie Schwarzenbach, fervorosa amiga y ocasional mecenas de sus hijos, los terribles Erika y Klaus (Francisco Solano en El País). "En el dolor y en el sufrimiento del mundo con que había cargado sobre sus espaldas, había buscado un sentido, un Dios, la verdad de su existencia"..... "Cuando Dios decidiera que tenía que morir, todo habría terminado para ella. Todo lo que tenía que hacer era arrebatarle su tiempo, ofrecerle su regalo. Todo lo que quedaba por hacer era escribir "su" libro. Todavía tenía la ilusión de que los libros -incluso los nacidos de la profunda iluminación- pueden ser la mejor parte de nosotros".
"Ojalá se pudiera rebobinar su vida -cualquier vida-" escribe Melania G. Mazzucco en la última página del libro.
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