"Que lean, para que aprendan a escribir y a expresarse, porque la verdadera libertad es la libertad de expresión: la palabra nos ha sido dada para revelar el pensamiento".
Pestañas
24 julio, 2007
Revelar el pensamiento
En una entrevista que publica el Magazine de El Mundo, Vicente Aranda, cineasta español de 80 años, ofrece su consejo para los jóvenes de hoy:
17 julio, 2007
Estremecerse en verano
Hay muchas razones para estremecerse en verano, un tiempo distinto para muchas cosas que quizá no encuentran hueco durante el resto del año, cosa que también suena un poco a tópico. Pero es verdad que parece un momento idóneo para zambullirse en la lectura. Lo expresa mejor que yo en ABC de las Artes y las Letras J.J. Armas Marcelo en un artículo titulado "Lectores de verano": "El lector de verano no tiene prisa. Como la luz de un sueño, se va desplazando de metro en metro -de página en página- con una paciencia que en el resto de los meses no puede practicar como lo que es, una de las bellas artes para sobrevivir".Hace algunas semanas que elegí y compré mi lectura para este verano, ciertamente una novela para saborear (espero) con tiempo y con algo de tranquilidad de espíritu. De hecho, ayer le hinqué el diente a las primeras páginas de "La montaña mágica" de Thomas Mann, uno de esos libros que creo tener el deber de leer, confiando, eso sí, en no tener que tirar la toalla en el intento como me sucedió con el "Ulises" de Joyce. Y en un tris he estado de empezar el verano leyendo a Harry Potter. Y lo haré algún día; aunque T. Mann seguramente no tenga nada que ver con J. K. Rowling. Simplemente porque siento curiosidad por saber qué ha embelesado a tantos jóvenes que de otra manera probablemente no habrían leído ningún otro libro en la vida.
Y porque como dice Armas Marcelo "quienes prefieren la lectura como simple entretenimiento (y no como estremecimiento de sí mismos) están en su derecho de perder el tiempo". Pues eso, que espero estremecerme este verano con La montaña mágica.
15 julio, 2007
Novela histórica
Andrés Ibañez escribe en ABC de las Artes y las Letras sobre el debate entre literatura exigente y literatura de consumo en un artículo titulado "Del canon al clon". En él establece diversas tesis "sobre el fin de una época". Me ha llamado la atención la Tesis Sexta, con la que coincido plenamente:"Podemos gritar e indignarnos contra la invasión de "productos" literarios fabricados en serie, novelas históricas con clave espiritual, novelas de conspiraciones que atraviesan si esfuerzo los siglos o los milenios, novelas donde se revelan las "claves secretas" de célebres obras de arte, novelas que reinterpretan el legado espiritual de Occidente desde Cristo a los cátaros, pasando por los alquimistas o los templarios. Pero el éxito de esta literatura sólo puede tener una explicación: que, por muy pobre que sea intelectual y artísticamente, responde a las necesidades de nuestra época y, de algún modo, la refleja. Los lectores no buscan esos libros porque sean bobos que se dejan embaucar por una serie de hábiles mercachifles. Ni los mercachifles son tan hábiles ni los lectores son tan bobos. Los lectores saben lo que quieren, y leen esos libros porque los temas de los que hablan les interesan y les preocupan".
***
Por otra parte, y en otro artículo muy sugerente, "Dar la cara", Ibañez señala que "antes de comprar el libro, uno desea mirar a los ojos, aunque sea en una foto (y aunque a veces los aparte), a la persona que lo escribió". Es verdad.
12 julio, 2007
Abandono
Estoy a punto de hacerlo o más bien creo que ya he tomado la decisión. Me refiero a abandonar la lectura de un libro que recuperé de mi biblioteca y cuya lectura he ido posponiendo con el paso de los años, pues se trata de un regalo por mi cumpleaños cuando cumplí los 22 allá en 1984. Es decir han pasado otros 22 y pensé que ya había llegado la hora de leer el "Ulises" de James Joyce. Llevo leidas 290 páginas de una edición de bolsillo en dos tomos (Editorial Brugera - Lumen 9ª edición Noviembre 1983), pero no consigo conectar con la historia, ni con los personajes ni -mucho menos- con el lenguaje. Aunque en la contraportada se dice que desde su publicación en 1922 "Ulises de James Joyce ha sido considerada la obra cumbre de nuestro siglo" creo que no soy capaz de continuar. Me creí en el deber de tener que leer esta obra, pero su incomprensión después de un gran esfuerzo me lleva ahora a abandonar su lectura. Algo que nunca me ha gustado y que únicamente había hecho antes en dos ocasiones: con "La conjura de los necios", de John Kennedy Toole (Editorial Anagrama 15ª edición Julio 1984) y "Memorias de Adriano", de Marguerite Yourcenar (traducción de Julio Cortázar) (Edhasa 17ª reimpresión Enero 1988). En el primer caso por la supuesta hilaridad que debía sentir al leerlo y que no me hizo ninguna gracia y, en el segundo, reconozco no recordar un motivo concreto y que sí me gustaría volver a intentarlo seguro que ya con otra perspectiva pues fue también hace muchos años.
Ulises sería entonces el tercer libro abandonado. ¿La razón? También está en la contraportada del libro: "A pesar de haberse afirmado en repetidas ocasiones que el lenguaje -con toda su riqueza poética y su poder de sugestión musical- es el verdadero protagonista de la novela, la compeljidad de sus resonancias simbólicas hacen de esta obra la gran epopeya de la modernidad". El lenguaje es endiablado, farragoso, inconexo, y las resonancias simbólicas yo nos las siento o no las comprendo. Y otra razón; mientras sufro con el esfuerzo de avanzar con Ulises -en espera de encontrar un sentido que se me resiste- me robo a mí mismo tiempo de gozar de otras lecturas.
Ulises sería entonces el tercer libro abandonado. ¿La razón? También está en la contraportada del libro: "A pesar de haberse afirmado en repetidas ocasiones que el lenguaje -con toda su riqueza poética y su poder de sugestión musical- es el verdadero protagonista de la novela, la compeljidad de sus resonancias simbólicas hacen de esta obra la gran epopeya de la modernidad". El lenguaje es endiablado, farragoso, inconexo, y las resonancias simbólicas yo nos las siento o no las comprendo. Y otra razón; mientras sufro con el esfuerzo de avanzar con Ulises -en espera de encontrar un sentido que se me resiste- me robo a mí mismo tiempo de gozar de otras lecturas.
02 julio, 2007
Amelia Earhart
La primera etapa le lleva de Honolulu a Oakland (California). Durante el despegue sufre un accidente y el avió resulta dañado. Después de la reparación, Amelia parte de Los Ángeles hacia Florida, con la única compañía de Noonan. De Miami se dirige a Puerto Rico. Luego recorren la costa de América del Sur, cruzan el Atlántico, sobrevuelan África y alcanzan el Mar Rojo. El viaje continúa hacia Karachi, en la India, con posteriores etapas en Calcuta, Rangoon, Bangkok, Singapur y Bandoeng, donde permanecen una semana y ella enferma de disentería. El 27 de junio parte para Darwin, en Australia, y dos días después alcanza Lae, en Nueva Guinea. Las fotos en el Herald Tribune, que serán las últimas de Amelia Earhart, la muestran cansada y enferma. De allí parte el día 2 de julio de 1937, en medio de chubascos. Desde el despegue mantiene el enlace de radio con el guardacostas US Itasca, que se encuentra en las proximidades de Howland, su lugar de destino. El barco recibe un mensaje informando de que creen estar sobrevolándolo pero sin lograr verlo y la noticia de que el combustible se está agotando. A las 20,14 horas, el US Itasca recibe el último mensaje. El combustible alcanzaba para un máximo de 21 horas de vuelo. A las 21,30 dan por perdido el avión ycomienzan la búsqueda en las proximidades de la isla Howland. La operación cuenta con unos medios extraordinarios autorizados por el presidente Roosevelt, pero no hay rastaro de Earhart ni de Noonan. Su vida de aventurera, motor de su existencia, acaba a los 40 años en las aguas del Océano Pacífico.
Amelia Earhart has inspired generations of women to do things that had never been done by women before.
17 junio, 2007
Son impuros

Como a tanta gente, creo, me apasiona leer primeras frases y primeras líneas de libros y novelas. Parece, y probablemente sea cierto, que anuncian lo que vendrá, las historias, las vidas, los sentimientos que iremos descubriendo en las páginas -aunque sean cientos- que después leeremos. Pues eso, que me parece que las primeras letras encierran la clave de todo lo posterior. A propósito de esto, leo en El Cultural del diario El Mundo, las primeras páginas de la nueva novela de John Updike, "Terrorista", en la que "se pone en la piel de Ahmad, un joven musulmán norteamericano que aspira a convertirse en terrorista suicida, incapaz de adaptarse a una sociedad llena de lujuria y temor". La novela comienza así:
"Demonios", piensa Ahmad. "Estos demonios quieren llevarse a mi Dios". En el Central High School, las chicas se pasan el día contoneándose, hablando con desdén, exhibiendo tiernos cuerpos y tentadoras melenas. Sus vientres desnudos, adornados con flamantes pendientes en el ombligo y tatuajes fatuos que se pierden muy abajo, preguntan: "¿Acaso queda algo más por ver?". Los chicos se pavonean, se arriman a ellas, gastan miradas crueles; con chulescos gestos de crispación y un desaire apático al reír indican que el mundo no es más que esto: un vestíbulo ruidoso y esmaltado, con taquillas metálicas a cada lado, que termina en una pared lisa, profanada por graffiti y repintada con rodillo tantas veces que parece avanzar milímetro a milímetro.
Es un espectáculo ver a los profesores, cristianos débiles y judíos que no cumplen los preceptos de su religión, enseñando la virtud y la templanza moral, pero sus miradas furtivas y voces huecas delatan su falta de convicción. Les pagan para que digan esas cosas, les pagan la ciudad de New Prospect y el estado de New Jersey. Pero carecen de fe verdadera; no están en el Recto Camino. Son impuros.
Constantinopla y Bizancio

Termino hoy mismo dos lecturas bajo el signo de la ciudad puente entre Oriente y Occidente que me han ocupado en las últimas semanas. Se trata de "La caída de Constantinopla 1453" de Sir Esteven Runciman (Edit. Reino de Redonda. Barcelona 2006) y "Bizancio" de Stephen Lawhead (Salamandra. Emecé editores. Barcelona 1998).
La primera es una obra clásica -completamente desconocida para mí- del historiador inglés nacido en 1903 que en la parte más intensa y literaria del libro narra los preparativos y el asedio de la ciudad por parte de los turcos. Como señala Javier Marías en el epílogo, es aquí donde se produce el fenómeno que me llama la atención: el relato escrupulosamente objetivo, rigurosamente cronológico, distante como todo texto eminentemente descriptivo, interrumpido con frecuencia por observaciones marginales disipadoras de toda posible tensión, se lee con apasionamiento como se devoran las páginas de una gran novela (...) La caída de Constantinopla es una creación literaria extraordinaria. Runciman, sabedor de que su material se prestaba a la aventura, ha rehuido en su prosa lo que de novelesco se le ofrecía. Si en cualquier instante hubiera caído en la comprensible tentación de "novelar", es justamente entonces cuando su obra no habría tenido nada de literatura, de buena y auténtica literatura. Habría constituido un pastiche, un ejemplar más de ese género híbrido que trata de satisfacer indiscriminadamente: nada tan indeseable como la biografía o la historia noveladas.
(28 de mayo de 1453) Hacia la una y media de la madrugada, el sultán decidió que todo estaba a punto y dio la orden de ataque. De pronto se hoyó un estruendo horripilante. A todo lo largo de las murallas los turcos se habían lanzado al asalto entre gritos de guerra, mientras tambores, trompetas y pífanos los animaban a la lucha. Las tropas cristinas habían estado esperando en silencio, mas, cuando los vigías de las torres dieron la señal de alarma, las iglesias cercanas a las murallas comenzaron a tocar las campanas y todos los templos de la ciudad, uno a uno, repitieron el aviso hasta unirse al redoble todos los campanarios. A casi cinco kilómetros de distancia, en la iglesia de Santa Sofía, los devotos supieron que la batalla había comenzado.
(...) Fueran cuales fuesen los detalles, el sultán Mehmet estaba muy contento de que el emperador hubiese muerto. Ahora ya no sólo era sultán, sino heredero y poseedor del antiguo Imperio Romano.
***
Deslumbrado por el brillo y el misterio de la ciudad de Constantinopla recuperé después la novela de Stephen Lawhead, "el histórico viaje de un monje irlandés, portador del Libro de Kells, hacia la misteriosa y exótica Constantinopla". Quizá una novela perteneciente a lo que Javier Marías denomina "género híbrido que trata de satisfacer indiscriminadamente: nada tan indeseable como la biografía o la historia noveladas". Bueno. Una historia inspirada en la vida de San Aidano que a mí me ha envuelto en una época y unas aventuras que me han dado horas de entretenimiento y ganas de seguir leyendo. Yo lo recomiendo. Y ganas de seguir sabiendo más acerca de esa ciudad misteriosa y fabulosa que ha sido y seguirá siendo Estambul. Ahora sí tengo más ganas de sumergirme en la lectura de algunas de las obras del turco, Premio Nobel de Literatura en 2006, Orham Pamuk. Seguro que lo haré. Y viajar algún día a ese enclave frontera entre Oriente y Occidente. ¿Por qué no?
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