Pestañas

02 octubre, 2010

«El alquimista» a destiempo

Otra de las lecturas de verano fue el clásico de Paulo Coelho 'El alquimista' (Ediciones Obelisco. Barcelona, 1997). Aunque supongo que muchos lo habréis leído hace mucho yo no lo había hecho, a pesar de que el libro llevaba años en casa, supongo que esperando su ocasión de ser leído. Por cierto, es interesante pensar que pueda haber libros tristes porque nadie los lee.

Pensé que el verano era un buen momento para saldar esa deuda pero, o bien yo no lo leí con la calma que el texto requiere, o bien no me pareció que mereciera la popularidad y la fama que lo precede. Es decir, me decepcionó. No encontré nada de lo que esperaba, quizá un revulsivo, alguna chispa que hace contacto en tu interior y te lleva a formular un propósito elevado. No lo encontré -quizá es un libro para leer con menos años y yo lo hice a destiempo- y únicamente leí un cuento predecible, una historia de aprendiz y maestro con el desierto al fondo, un simple libro de autoayuda.

Si para ti su lectura significó algo más importante, me gustaría conocer tus razones.

Historia Personal
"El muchacho no sabía lo que era Historia Personal.
- Es aquello que tú siempre deseaste hacer. Todas las personas, al comienzo de la juventud, saben cuál es su Historia Personal. En esa altura de la vida, todo está claro, todo es posible, y ellas no tienen miedo de soñar y desear todo aquello que les gustaría hacer en sus vidas. No obstante, a medida que va transcurriendo el tiempo, una fuerza misteriosa empieza a tratar de demostrar que es imposible realizar la Historia Personal".

30 septiembre, 2010

Murakami, campeón de 'running' y 'writing'

Siempre hay una primera vez para todo y a mí una de ellas, leer un libro digital -un ebook-, me llegó este verano. Y fue porque se dieron dos condiciones: la más importante que ya contaba con el dispositivo, y segundo porque, aunque no fuera urgente, sí tuve la necesidad de cumplir con la recomendación de un amigo que me habló sobre un libro que me gustaría si, como era mi caso, empezaba a correr. Dicho y hecho, descargué What I talk about when I talk about running (De qué hablo cuando hablo de correr), el libro de Haruki Murakami que en español está editado por Tusquets (Colección Andanzas).

La crítica del libro que hizo The Sun (New York) se puede ver aquí.

Es un pequeño y delicioso relato de sus vivencias como corredor (Murakami ha corrido decenas de maratones y triatlones) escrito de una manera totalmente distinta a lo que hasta ahora -me cuenta mi amigo- estaban acostumbrados a leer los runners: manuales de entrenamiento escritos en lenguaje técnico-deportivo. Según él mimo explica "this is a book in which I've gathered my thoughts about what running has meant to me as a person". Tampoco lo hace para convencer a nadie, "a person doesn't become a runner because someone recommends it".

Pero Murakami es escritor y aunque habla de running lo hace trazando un paralelismo entre ambos procesos, el de correr y el de escribir, que me parecieron muy interesantes. Exerting yourself to the fullest within your individual limits: that's the essence of running, and a metaphor for life -and for me, for writing as well.

Y se refiere al talento como la cualidad más importante que debe tener un novelista. In every interview I'm asked what's the most important quality a novelist has to have. It's pretty obvious: talent. No matter how much enthusiasm and effort you put into writing, if you totally lack literary talent you can forget about being a novelist. This is more of a prerequisite than a necessary quality. If you don't have any fuel, even the best car won't run.

If I'm asked what the next most important quality is for a novelist, that's easy too: fous. [...] After focus, the next most important thing for a novelist is, hands down, endurance. [...] Fortunately, these two disciplines -focus and endurance- are different from talent, since they can be acquired and sharpened through training.

Correr y escribir: 10 kilómetros o relatos; maratones o novelas; un paso detrás de otro; una palabra detrás de otra; con paciencia, con esfuerzo.

El pequeño libro de un enorme escritor que sabe seducir.

12 septiembre, 2010

Cuatro libros en la maleta

Estos son los cuatro libros que me he traído de regreso a Nueva York. Salvo Murakami, no he leído nada de los demás autores y reconozco que su elección ha sido bastante arbitraria y por razones diferentes. Tres novelas y un libro de relatos (Alice Munro) que me acompañarán durante los próximos meses y de los que daré cuenta también aquí, en La Palabra Infinita.



22 julio, 2010

Tres autores en Nueva York

El Instituto Cervantes de Nueva York reunió hace algunas semanas a varios escritores españoles en una mesa redonda, más bien rectangular, para hablar de literatura o casi de cualquier cosa. Estas son algunas de las opiniones e ideas expresadas por Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina o Eduardo Mendoza que recogí en mi cuaderno de notas.

Elvira Lindo afirmó que "el interés por la cultura española en Estados Unidos es desolador. De todo lo que se publica en Estados Unidos sólo se traduce un 4%, y no sé si es por falta de interés o porque no vendemos bien".

Antonio Muñoz Molina habló sobre "la condición transfronteriza del idioma" respecto del español con el inglés y con las demás variantes del español. "Eso se nota en Estados Unidos cuando hablamos el mismo idioma, un idioma reconocible. A los españoles nos recuerda que no somos los dueños del idioma y que el español no es la lengua de la Guardia Civil de los años 40".

También se refirió Muñoz Molina al libro literario, del que dijo que "es incompatible con el ecosistema de las grandes superficies. Desaparecen las librerías independientes y las grandes editoriales alquilan espacios en las Barnes & Noble de turno, donde los libros son cada vez más grandes y de colores más llamativos, como los papagayos".

Eduardo Mendoza señaló que es muy difícil traducir libros españoles al inglés "porque no hay tradición de traducción en el mundo de habla inglesa, donde sólo se traducen obras muy importantes. Además -señaló con sorna- los ingleses no saben qué hacer con el subjuntivo".

Sin embargo reconoció que "nunca como ahora una obra literaria ha tenido tanta difusión y tantos lectores. Eso sí -puntualizó- dejar que la tribu explote el petróleo es muy raro".

13 junio, 2010

Novela de ajedrez

"A bordo del transatlántico que había de zarpar a medianoche de Nueva York rumbo a Buenos Aires reinaban la animación y el ajetreo propios del último momento". Así empieza un delicioso librito -"Novela de ajedrez", de Stefan Zweig (Acantilado)- que se puede leer de una vez aunque yo lo hice en dos.

En ese transatlántico viaja Mirko Czentovic, el campeón del mundo de ajedrez, y sobre el ajedrez gira obviamente toda la acción; "el único juego que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastío, aguzar los sentidos y estimular el espíritu".

Me pareció una historia fascinante, intensa y bien contada. Me sorprendió después leer la faja promocional que rodea el libro para anunciar que se trata de una 'Novena edición' y donde, además, se incluyen las opiniones de algunos críticos: "Una visión siniestra y sutil de la dialéctica política del fascismo", según Jordi Llovet de La Vanguardia; "Un singularísimo estudio psicológico sobre el telón de fondo de la Alemania Nazi", según Joaquín Aranda de Heraldo de Aragón. Yo no hilé tan fino, únicamente me deleité con la historia, el escenario y sus personajes.

Algunas frases que también subrayé:

- "Querer jugar contra uno mismo representa, en definitiva, una paradoja tan grande en ajedrez, como querer saltar sobre la propia sombra".

- "Vivía como un buzo bajo la campana de cristal en el negro océano de aquel silencio; un buzo que presiente que se ha roto ya la cuerda que le unía al mundo exterior y que nunca más será rescatado de aquellas profundidades".

- "Tanto para el ajedrez como para el amor es imprescindible una pareja".

07 junio, 2010

Viaje al silencio

Me gusta el silencio. Quizá por eso prefiero escuchar antes que hablar; leer y escribir antes que hablar. Y por fin llegué a la lectura de 'Viaje al silencio' de Sara Maitland (Alba Editorial. Barcelona, 2010), un libro del que ya conocía algunas cosas. Titulado en versión original 'A Book of Silence', Maitland aborda las formas del silencio y su búsqueda.

Y mientras lo leía se hacía cada vez más vivo mi recuerdo de la lectura de 'De los intentos de permanecer quieto" de Jenny Diski. Por muchas similitudes: porque ambas son mujeres, porque ambas viajan a lugares remotos, porque ambas se alejan de lo establecido como correcto y marchan en busca de su grial personal.

'Viaje al silencio' no es una novela, más bien un ensayo autobiográfico de peripecia personal con tintes de literatura de viajes. El único pero, por poner alguno es que, precisamente lo personal es a veces lo que más interesa y lo que Sara Maitland hurta al que lo lee. Ella estudia tanto su silencio como el de otros que han relatado sus impresiones, por ejemplo ermitaños, anacoretas y eremitas, aunque se ocupa de aclarar que "no soy de los que abogan por la 'vuelta a la naturaleza' y a la vida de subsistencia. [...] Lo que quiero es vivir en el mayor silencio posible en este momento de la historia."

Muy pronto explica lo que hoy en día entendemos como silencio: "Empecé a darme cuenta de que el silencio se percibe hoy mayoritariamente como carencia o ausencia de palabras o de sonido: es decir, como una condidión esencialmente negativa." Para afirmar más tarde cuál es su ideario sobre el silencio: "Estoy convencida de que, como sociedad, estamos perdiendo algo muy valioso al fomentar esa cultura que evita el silencio, y creo que el silencio, sea lo que sea, debe conservarse, cultivarse y recuperarse."

Sus objetivos son muy claros: "Quiero rezar mis oraciones, escribir algunos cuentos, leer algunos libros y subir la colina que está detrás de mi casa para contemplar el mar en los días claros." ¿No es una deliciosa definición de la felicidad? Diré que para mí sí.

Sara Maitland vive en la actualidad en Galloway (Escocia), en una vieja cabaña de pastores que descubrió: "Aquella era mi casa, mi ermita, mi hogar".

"No quería estar encajada al pie de un monte, ni encerrada en un bosque, sino expuesta a los vientos. Tampoco es mi paisaje el de las cumbres desafiantes. Es un espacio gigantesco y silencioso de turberas, hierbas, helechos, cercas de piedra derruidas que no delimitan campo alguno, y el áspero grito del zarapito en pleno vuelo."

31 mayo, 2010

Guerra y Paz

Cinco años tardó Liev Tolstói en escribir 'Guerra y Paz' y yo siete meses en leerlo. Este es un libro (del Taller de Mario Muchnik, 2003) que vino de Oriente pero que no vino volando sino en el contenedor de la mudanza que viajó en barco hasta Nueva York en el verano de 2008. Vino con la idea de ser leído en las frías noches de esta ciudad y, al final, se adentró también en los días de la tibia primavera.

Lo traje para cumplir un compromiso personal de leer este clásico con esa idea quizá algo peregrina de que debe ser uno de los libros de la lista de imprescindibles antes de pasar a mejor vida. Por lo tanto, puedo decir aquello de "prueba superada", pero además puedo decir que disfruté mucho, durante muchas horas, con su lectura.

Es cierto que pensaba encontrar un libro más clásico y, sin embargo, me encontré con una escritura que me pareció más moderna, más actual.

Pero ¿Qué es Guerra y Paz?. Es el propio Tolstói quién se hace la pregunta y él mismo quien contesta en las páginas que se han considerado como Apéndice a su obra, publicadas en 1888 en la revista Antigüedades Rusas: "No es una novela ni un poema y todavía menos una crónica histórica: Guerra y Paz es lo que el autor ha querido y podido expresar, en la forma en que está expresado".

En sus casi 1800 páginas se alternan la Guerra (el ejército, los soldados, Napoleón, el campo de batalla, la nieve, el frío, el hambre y la muerte) y la Paz (los salones de Moscú y San Petersburgo, las damas y los sirvientes, el amor, la pasión, condes y palacetes).

Este subrayado se refiere a la guerra, donde Tolstói describe lo que separa a rusos y franceses en el campo de batalla:

Los separaba un vacío de seiscientos metros que permanecía desierto. El enemigo haía cesado el tiroteo y podía percibirse mejor aquella línea terrible, amenazadora, rigurosa e imperceptible que dividía a los dos ejércitos enemigos.

"Un paso más a llá de esa línea, que recuerda la división entre los vivos y los muertos, y se cae en lo desconocido, en el dolor y en la muerte. ¿Y qué hay allí, quién está detrás de ese campo, de aquel árbol, de aquella techumbre iluminada por el sol? Nadie lo sabe, pero querrían saberlo. Es terrible cruzar esa raya, pero querrían hacerlo. Nadie ignora que tarde o temprano habrá que cruzarla y conocer entonces lo que hay más allá, en la otra parte de la divisoria; lo mismo que algún día habrá que saber fatalmente qué hay más allá, al otro lado de la muerte. Y a pesar de todo uno se siente fuerte, sano, alegre y excitado rodeado por otras personas que se sienten también fuertes, alegres y excitadas." Si no lo piensa, así siente, al menos, todo hombre a la vista del enemigo, y esa sensación infunde un brillo especial y una jubilosa rudeza a cuantas impresiones se suceden en esos instantes.

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